Aunque llevo toda la vida en moto, comencé a ir a reuniones invernales muy tarde. Fue mi amigo Fran Márquez, quien en 2017, cuando regentaba el Motor Soul, el mejor bar de motoristas que ha habido en Córdoba, me habló de Eskimós, una reunión invernal que el Moto Clube do Vila do Conde organizaba en Serra da Estrela, Portugal. Aquella fue mi primera invernal y tengo de ella un gran recuerdo. En 2019 volví a ir a Eskimós, a la que resultó ser la última edición de aquella reunión. Desde entonces he echado de menos una buena reunión invernal en Portugal, así que pregunté a los amigos, y me invitaron al III Encontro Invernal Das Arouquesas, una pequeña invernal en el norte de Portugal, que surgió como una reunión de amigos y este año ha celebrado su tercera edición. No se publicita ni se anuncia en internet, se accede por invitación, y reúne un grupo de entre 20 y 30 motos en Serra da Freita.

Yo pensaba ir sólo porque mi club, el Komando Kalifa, es un grupo magnífico, pero son unos comodones con más afición a hoteles y restaurantes que a campamentos y fogatas. Sin embargo, igual que Juanmi me acompañó hace poco a La Ardilla Vuelve, en esta ocasión fue Juanlu quien quiso acompañarme a Las Arouquesas, fue una grata sorpresa, parece que poco a poco vamos abriendo brecha en el club con las invernales.
Como corresponde a principios de febrero, daban muy mal tiempo y lluvia intensa y mi madre estaba, Dios la bendiga, indignada con el viaje. En fin, en esta ocasión las predicciones lo clavaron y tuvimos agua incesante durante los tres días.
Cuando salí de la cochera a las 7:45h el día estaba negro y la lluvia era fuerte, creo que para cualquiera, pero sobre todo para un cordobés de clima sahariano. Llegué puntual a la gasolinera y allí estaba Juanlu embutido en un súper mono de agua. Hablamos unos minutos, acordamos que yo guiaba, tomamos un café rápido, y nos hicimos una foto antes de partir, con la mala suerte de que mi móvil se escurrió con la lluvia, se cayó al suelo y murió.

El viaje empezaba raro, tenía por delante 3 días de moto sin música, sin fotos, y sin poder conectarme al whatsapp familiar. En fin, lo de la música no tuvo remedio, lo demás sí, con el teléfono de Juanlu, y este artículo montado con fotos de todo el mundo, Joao, Juanlu, Alfredo…
Teníamos por delante 700 kms de lluvia que resultó intensa y continua, con una breve tregua en la frontera. Con el primer depósito subimos hasta Badajoz, donde paramos a repostar, y una simpática moza extremeña nos sirvió un buen café. En seguida cruzamos la frontera y entramos en Portugal, subiendo hasta Portalegre primero y luego hasta Coimbra, siempre por carreteras secundarias estrechas y sin pintar, pero con buen asfalto y poco tráfico, lo que nos permitía viajar relajados y ligeros, disfrutando de la ruta, y de un paisaje ganadero y norteño, con muchas vacas, mucho pasto, bosque bajo y mucha, mucha agua.
Como buenos andaluces nos revienta pagar peajes, y tomamos la nefasta decisión de subir desde Coimbra hasta Arouca por la N-1. Esos 130 kms fueron lo peor de todo el fin de semana. Dos horas y media en caravana con un montón de camiones, por una carretera con línea continua permanente, sin parar de hacer travesías con retenciones, en las que ni siquiera podías hacer el gamberro porque no había arcenes. Una pesadilla, pero tengo que decir que lo tomamos con calma, incluso nos reímos mucho en las retenciones comentando chorradas.
Ya en Arouca dejamos ese infierno y entramos en una carretera de montaña que enseguida se puso interesante.
En un punto tomamos la M-511 que arranca con una prometedora rampa y enseguida empieza a girar y girar por un paisaje de bosque maderero con maquinaria de serrería y mucha bruma.

Pusimos los anti nieblas y nos sumimos en unos kilómetros de densa oscuridad grisácea, sobre un suelo empapado de lluvia. Seguimos escalando despacio y a los pocos kilómetros, llegamos a un altiplano árido y cárstico en el que cruces de piedra de entre uno y dos metros de altura, emergían de la bruma aquí y allá, dándole al paisaje un aire surrealista. Yo, tan cerca ya de Galicia, me acordé enseguida de mi tocayo Copini y su Santa Compaña.

Durante varios kilómetros surfeamos en la bruma por el altiplano, flanqueados por las monstruosas hélices de un campo eólico, y poco después, justo en la cima, rodeados de una absoluta nada, lloviendo, con un fuerte viento, y cayendo la noche, el cachondo del Tomtom me dijo que habíamos llegado a nuestro destino. La noche en la montaña con esas condiciones climatológicas no es cosa de broma para circular en moto, y sentí un pellizco en el estómago, porque no tenía ni puta idea donde estaba el refugio al que nos dirigíamos. Hablamos un minuto y decidimos retroceder, porque 400 metros antes salía un camino de tierra y teníamos la intuición de que ese podría ser nuestro camino. Llegamos y paramos, yo me bajé de la moto para echar un vistazo. Anocheciendo, lloviendo, y con motos de 300 kilos íbamos a meternos cuesta abajo por un camino de tierra, así que no quería equivocarme. Y en esas estábamos cuando salieron de la bruma nuestros amigos portugueses para indicarnos que les siguiéramos. Confieso que sentí un gran alivio porque aunque no me tengo por miedoso, a la tierra mojada le tengo mucho respeto.
Y así, relajados y tranquilos, nos tiramos cuesta abajo detrás de los portugueses, por una pista de tierra que en algunos tramos tenía piedra suelta y en otros, agua y fango.

Fue sólo un kilómetro, pero me encantó llegar y bajarme de la moto. Llevábamos 9 horas bajo la lluvia, lluvia sin descanso que caía en todas las direcciones posibles y se colaba por todas partes.
Descargamos las motos y entramos en el refugio. Dentro había fuego encendido, comida caliente, orujo, cachaça, y muchos amigos.
El alojamiento tenía una pinta excelente, la Casa do Vidoeiro es una antigua casa forestal transformada en un acogedor alojamiento de montaña en Serra da Freita, a 1.020 metros de altitud, en medio de la meseta de Freita. Nos instalamos en nuestro dormitorio en unas literas, nos pusimos cómodos, y nos sentamos junto a la chimenea para entrar en calor.
Poco a poco fuimos conociendo al grupo, unas 25 personas, mitad por mitad portugueses y gallegos, motoristas avezados, gente amable que tienen amistad desde hace tiempo, y que nos acogieron en su grupo de la mejor manera posible.


Y ahí empezó una estancia que resultó cojonuda, aunque muy distinta a lo que habíamos planeado, porque la lluvia no paró en todo el fin de semana. La idea era rutear el sábado y visitar los lugares de mayor interés paisajístico de Serra da Freita, comer por ahí en algún restaurante, y luego completar el día en los exteriores del alojamiento, que son preciosos, con piscina natural, barbacoa, y un bonito prado con vistas panorámicas a la montaña.




Pero la lluvia no cesó, así que nos atrincheramos en el refugio, y allí nos quedamos, sin parar de comer, beber, charlar y reír, durante todo el fin de semana. En fin, la dura vida del motorista invernal.






Los portugueses habían llevado algunos coches para poder transportar las provisiones, así que, el viernes hicieron una escapada para comer en un restaurante, pero nosotros aún no habíamos llegado.

Después, el sábado, también hubo un paseo en coche para visitar algunos puntos de interés, como la Casa de las Piedras Parideras, o la cascada más alta de Portugal. A mi me pilló tumbado y mis amigos, que me conocen, decidieron acertadamente no despertarme. No hay que ser agonías, ya veremos esa cascada el año que viene.









El sábado transcurrió tranquilo y entretenido, charlando con unos y otros, comiendo y bebiendo junto a la chimenea, mientras afuera seguía lloviendo e iban llegando los últimos rezagados. Entre ellos Manu el Druida, que por la noche nos hizo una queimada, y con el que había coincidido unos días antes en La Ardilla Vuelve, aunque todavía no nos conocíamos.


Nuestros anfitriones portugueses prepararon una estupenda barbacoa, además del mítico caldo verde que te sirven en todas las invernales portuguesas, un caldo de verduras que te hace entrar en calor y pone en su sitio todas las cosas del mundo. Fue un buen día. No me atreví con la cachaça, pero sí que exploré a fondo el orujo que llevó el amigo Guerra, por cierto uno de los tipos que organiza en Galicia la Motoxeada. Llevó orujo de café destilado y preparado por él, que como muchos gallegos tiene su propio alambique, y orujo de caña de azúcar preparado por su vecino. Muchas gracias Guerra. Gloria bendita. Gracias también al Druida por la queimada, a Joao por invitarnos, y muy especialmente a José Paulo y Miguel, los organizadores, que junto con su familia, nos hicieron pasar un fin de semana estupendo.

A la mañana siguiente, el día amaneció brumoso y con mucha lluvia, y yo estaba preocupado pensando en la subida por el camino enfangado. Recogimos y desayunamos tranquilos, la típica torta de maíz de Galicia, bizcochos portugueses, y un par de cafés. Por fin cogimos las motos y empezamos a subir muy despacio, yo con muy pocas ganas de caerme y tener que levantar del suelo 300 kilos de moto. Llegamos arriba sin problemas.

Joao se bajaba con nosotros y de 3 que éramos, Juanlu llevaba Garmin, yo llevaba Tomtom, y Joao que es un romántico, sus mapas de papel.

Optamos por que guiara Joao, que nos llevó muy bien hasta la A1, donde iniciamos el descenso. Teníamos mucho tajo por delante, así que le pedí al Tomtom la ruta más rápida a casa y poco después nos separamos. Llegamos a Córdoba completamente empapados, cansados y hambrientos, como hay que llegar a casa después de un buen fin de semana en moto.
Ducha caliente, buena cena, ropa y equipo a secar, y a descansar. Esa noche el Sevilla le ganó 1 a 0 al Atlético de Madrid. Domingo perfecto. Fin de semana perfecto, y hasta el año que viene, que esperamos volver a esta estupenda reunión.
Antes de terminar quiero enviarle un fuerte abrazo a Juanlu, que ayer hizo una volada de 20 metros con su acorazada de 300 kg. Mucho plástico que reparar pero kalifa ileso. Todo en regla, y a seguir rodando, pendejos!

Si quieres recibir un aviso cuando publique nuevos contenidos, puedes suscribirte a La Gira Interminable introduciendo a continuación tu dirección de correo electrónico:

Replica a Arouquesas 2025 – LA GIRA INTERMINABLE Cancelar la respuesta